Extraordinariamente normal

Competencia inconsciente o cómo hacerlo bien sin saberlo

Imagínate que eres un chaval de 16 años y cursas 4º de ESO.

Sales a segunda hora de clase y vas hablando con tus amigos.

Entonces te das cuenta de que hay dos alumnos de 1º discutiendo entre sí. La cosa se está descontrolando: se miran y se hablan muy mal.

- Puedes pasar de largo y no enredarte (bastante tienes ya con no meterte tú mismo en líos, porque todos dicen que eres demasiado impulsivo).

- Puedes buscar a alguien del profesorado para que venga y lo arregle.

- O puedes intervenir tú mismo (¿serás capaz de hacerlo?, llegarías tarde a clase, perderías tiempo de tu descanso…)

    ¿Qué harías tú?

    Entonces, sin pensarlo demasiado, te acercas a esos chicos y hablas con ellos. Consigues que se calmen, que se escuchen, que dejen de pelearse y se vayan a su aula con tranquilidad.

    Te cuento esto porque es lo que ocurrió hace unos días en Encuentro.

    Seguro que a Mario, ese chico de 4º, le va a sorprender este correo, porque para él lo que hizo fue “normal”.

    Para nosotros fue extraordinariamente “normal”.

    Ese momento que él protagonizó representa algunos de nuestros valores: la autonomía, el respeto, la responsabilidad (él es, además, del grupo de los mayores), el compromiso (él, que es muy futbolero, siente los colores de ENCUENTRO y un comportamiento así no es propio de “su equipo”)…

    En cualquier instituto los conflictos son inevitables y surgen por cuestiones muy diversas: malentendidos, rivalidad, susceptibilidades, desacuerdos… Si tienes adolescentes en casa lo sabrás. Pero es, precisamente, en esta etapa vital cuando hay que aprender a gestionar esas situaciones.

    Para ello, nuestro alumnado necesita un entorno sosegado y comprensivo en el que sientan que todo el claustro está ahí para escuchar, ofrecer confianza y tenerlos en cuenta, pero sin atosigar ni tampoco sobreproteger.

    Manteniendo una especie de distante cercanía.

    Sin embargo, cuando son los mismos chavales, como Mario, los que dan ese paso por el bien común, sentimos que Encuentro tiene aún más sentido.

    En cierto modo, él actuó bajo lo que Maslow llamaba “competencia inconsciente”: ha interiorizado una habilidad de manera natural y es capaz de realizarla sin ser consciente de ello.

    Y que ocurra esto… es ¡maravilloso!

    Un gran saludo de Sergio G. Naveros
    (director y docente de Encuentro),
    junto a todo el Equipo de Encuentro.

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