La posibilidad de cambiar
Movimiento
| Decía Ortega y Gasset: El ser humano no tiene naturaleza: tiene historia. Y esa historia empieza caminando, trepando, respirando hondo. Donde hay movimiento, hay posibilidad. Y donde hay posibilidad, hay adolescencia. Adolescencia y movimiento son un binomio indisoluble. Porque en esta idea de “moverse” cabe también la “mudanza”, el cambio, la metamorfosis... O el viaje. Como el que realiza el chico protagonista de El curioso incidente del perro a medianoche, de Mark Haddon: una novela que ya te hemos recomendado y que puede ser una magnífica lectura durante este verano, para cualquiera de la familia. Pero hablemos del movimiento físico. Cuando nuestros/as adolescentes corren sin mirar atrás, saltan o trepan, están haciendo mucho más que deporte: están explorando el mundo y ampliando sus límites desde su propia corporalidad como referencia. El filósofo francés Merleau-Ponty decía que no habitamos el espacio: lo tejemos al movernos por él. Cuando nos movemos, mejoramos nuestra coordinación, regulamos el sueño, fortalecemos el sistema inmune y reducimos el estrés o la ansiedad. Estimulamos la concentración, la memoria y la creatividad. También a través del cuerpo, los adolescentes aprenden a conocerse, superarse y confiar en sí mismos y a crear tribu, conectándose así, con la vida real. |
Un gran saludo de Sergio González Naveros
(director y docente de Encuentro),
junto a todo el Equipo de Encuentro.
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